¿Qué humor será el adecuado para escribir? ¿Con qué estado del cuerpo se inaugura ese pequeño ritual doméstico? ¿Importa el lugar donde comienza, o la escritura sucede a pesar del espacio y de una misma? ¿Nacen las ganas desde la nada, o se anuncian con un temblor mínimo? ¿Necesita una algún tipo de almohada para entrar en ese devenir? ¿Cómo se acomoda el cuerpo para que el alma se anime?
Y cuando por fin sucede, ¿se siente? ¿Has notado qué proceso se enciende adentro cuando escribes?
¿De cuántas formas lo has hecho, y cuántas te faltan?
¿Qué se siente escribir a mano en un cuaderno que ya está cansado de ti, o en una computadora tibia, o en una máquina de escribir que exige fuerza? ¿Qué se siente dibujar palabras en la arena; escribir en un cuerpo; dejar una frase suspendida en una manta, o lanzarla al viento para que la interprete quien pueda?
¿Se cansa el cuerpo de escribir? ¿Depende de la postura, del tiempo, o de lo que se confiesa ahí? ¿Se cansa una de sostener la máscara con la que atraviesa esta vida?
¿Alguna vez se vence al dragón con una letra, o solo —sola— se pelea contra la eternidad?
¿Puede transformarse una al escribir? ¿Existe realmente el poder alquímico de las palabras?
Cuando escribes, ¿se mueve primero lo psíquico o lo físico? ¿Qué es más fácil: relatar lo vivido o aquello que aún no se atreve a existir? ¿Hay algo que pueda inventarse por completo, o todo es invención desde el mismo origen?
¿Puede la escritura curar algo? ¿Puede llevarnos a un lugar que no sea este?
¿Podrá algún día abandonarnos?
¿Qué es la escritura dentro de este animal desconocido que somos? ¿Cómo surge, cómo se instala, cómo se vuelve una fuerza que atraviesa un cuerpo que se rompe, que duerme mal, que tiembla?
¿Cómo se escribe sobre sí misma sin volverse sombra o reflejo? Ella. ¿Cómo se convierte una en personaje de sus propias historias y en la demiurga que decide su destino?
¿Qué se siente ocupar ambos lugares?
¿Qué lo empuja a una a querer hacerlo?
¿Quién dice cuándo se termina un texto?
¿O es que escribir es un acto que no concluye, que se reactiva cada vez que el ser decide mirarse desde otra esquina, un camino que se retorna infinitamente?
Si la escritura nace desde el interior, ¿cómo no temer al gesto de mirarse por fuera —o desde un adentro que insiste en mirar más adentro aún? ¿Es una forma de espejos múltiples? ¿Infinitos?
¿Y cómo no aterrorizarse ante la posibilidad de perder la capacidad de convocar ese reflejo?
¿En algún momento la escritura nos pertenece, o somos nosotras quienes le pertenecemos?
¿Cómo pudo mi alma jíbara encontrarse con la escritura y aprender a andar a través de ella? ¿O fue ella quien aprendió a andar a través de mí?
¿Ha sido una guarida elegida por mi existencia para salvarse —o para insistir en ser eterna?
¿O será, simplemente, que la eternidad nos usa para manifestarse?
Mar.

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