viernes, enero 03, 2020

Mujeres y el tiempo de escritura



Diario de escritura

¿Cuándo fue la última vez que dedicaron tiempo a la escritura creativa? ¿Cuánto tardaron en encontrar ese resquicio para andar la literatura desde el acto escritural?

Hace más de tres semanas que planeaba esta página de diario; apenas hoy pude atrapar la concentración para escribir. Tenía toda la información, pero no sabía exactamente qué quería decir ni cómo decirlo. Tampoco encontraba el momento preciso. ¿Por qué se vuelve una tarea tan complicada encontrar tiempo… tiempo para escribir?

Observo mi vida, mi habitación propia —porque, de alguna manera, soy privilegiada y cuento con una— y pienso que, como primer paso, ya tengo resuelto un obstáculo común (sí, incluso en este México de 2020). Luego considero que pospongo mi escritura por múltiples motivos, distracciones: labores domésticas, obligaciones laborales, vida social, falta de autodisciplina, de determinación, de soledad, de creatividad, de ganas.
¿Cómo conseguir eso que me falta? ¿Cómo invocar al espíritu de las letras?

Me interrogo y luego me invade la curiosidad por los motivos de las demás. Me interesa hablar sobre nosotras, las mujeres, y nuestro tiempo de escritura. Explorar los porqués compartidos que nos llevan a abandonar por lapsos prolongados algo que realmente disfrutamos, que nos ayuda, que nos da sentido; algo que, en muchas ocasiones, nació como una inquietud desde la infancia o la adolescencia.
¿Cuáles son nuestras mayores distracciones? ¿Qué nos desalienta a ser constantes? ¿Qué nos provoca un bloqueo? ¿Por qué a las mujeres nos atraviesa otra distribución del tiempo en esta y otras tareas creativas?

En este texto quiero dibujar algunas respuestas.

Además de mi mirada y experiencia, compartiré lo que quince mujeres me confiaron en una breve entrevista sobre los “bloqueos escriturales”. Decidí no leer sus nombres hasta terminar este texto, para usar su información de la manera más objetiva posible.

Iniciemos.

La mayoría de nosotras se inició en la escritura como una forma de contar el mundo, de atestiguar la vida, de expresar la potencia creativa, más o menos entre los 8 y los 13 años. Tres comenzaron entre los 16 y 18, y solo una dijo que empezó formalmente a los 24.
Seis escriben poesía; cinco, cuento; dos, novela. Una escribe ensayo filosófico; otra, ciencia ficción y terror; otra sobre erotismo; otra más, cartas; y otra escribe entrevistas y noticias por trabajo.

Las formas en que cada mujer llega a la escritura deben ser infinitas. A mí me provoca placer saber que muchas comenzamos siendo niñas. Yo no recuerdo mi niñez antes del papel y la tinta. Fui una niña traviesa, berrinchuda a veces, retraída otras. Mi infancia transcurrió entre trepar árboles, jugar a las escondidas o a las cuatro esquinas, y pasar horas sobre la cama escribiendo historias, hablando sola, rayando esos libros gigantes de contabilidad que mi papá y yo recogimos de los contenedores de Coca-Cola.

¿Cómo empezaron a escribir ustedes?

La primera poesía que escribí fue a los 11 años, para la clase de español. Hablé sobre la vida en el fondo del mar. En retrospectiva pienso que mi primera creación “formal” nació del deseo engendrado por la prohibición. Vivíamos a veinte minutos de la playa, pero apenas la conocía porque mi madre le tenía fobia al mar. Cuando pude visitarlo gracias a un tío que nos “raptó” al Maviri, quedé hechizada. Y mi primer poema fue eso: recuerdo, ausencia, deseo.

¿Qué narraban sus primeras historias?

La escritura y yo fuimos inseparables. Solo dejé de escribir durante casi tres años, tras la muerte de mi hermana —como he contado en otras páginas—. Ahora retomo mi relación con la palabra con la intención, incluso, de publicar.

Entre las mujeres que entrevisté, el lapso más corto sin escribir fue de seis meses. Ocho dejaron de escribir entre uno y cuatro años. Tres pausaron durante cinco años. Otra, siete; otra, ocho; y otra dijo diez años.

Diez. Me pareció muchísimo. Pero recordé a varias mujeres que en talleres literarios me han contado que escribieron durante su infancia y adolescencia, lo dejaron… y luego olvidaron lo mucho que las hacía felices.

Privarme de la escritura ha sido doloroso. Quizá porque llegó como síntoma del duelo, y todo dolía demasiado.

¿Qué nos provoca dejar de escribir? ¿Cómo nos sentimos cuando lo hacemos?

Las mujeres que entrevisté dijeron sentirse desconectadas, evasivas, culpables, mecánicas. Hablaron de estancamiento, de pausa, de mutilación: como si alguien les hubiera arrancado la lengua, la vida de metáforas.
Cuando no escribimos, sentimos desesperación, una comezón que no cesa. El silencio de las manos y la lengua nos encierra; la imaginación se entumece.
Una dijo sentirse incompleta, inútil, mediocre, cargada de cosas que deben salir. Otra: impotente, triste.

Al menos un par se sienten también optimistas: expectantes, listas para retomar el camino. Y solo una agregó la contra-respuesta perfecta: cuando escribe, se siente libre.

La vida se atraviesa. Se interpone entre la escritura y nosotras. El tiempo se escurre.

A la pregunta “¿Cuáles son las mayores dificultades que te impiden escribir de manera constante?”, ellas respondieron:
— actividades del hogar, de la escuela o del trabajo
— evasión emocional tras relaciones de maltrato
— falta de confianza, miedo al juicio
— falta de concentración, de inspiración
— problemas de salud, económicos, emocionales y familiares
— falta de tiempo y espacio propio
— doctorado, maternidad, trabajos múltiples
— cansancio absoluto
— adicción a redes
— inseguridad sobre la identidad como escritoras
— estrés, desmotivación

¿Qué directrices se pueden trazar?

En un país como México, con violencia feminicida, acoso callejero y agresiones constantes, pocas mujeres podemos dedicarnos tranquilas al arte. A esto sumemos la precariedad laboral: pocas personas viven de la escritura, y la mayoría son hombres.

Para sobrevivir, las mujeres realizamos dos o tres jornadas diarias.
¿A qué hora vamos a escribir?

Algunos refutarán, recordando escritores que trabajaban en oficios “normales” mientras escribían obras magistrales. A ellos les comparto un dato del libro Cansadas, de Nuria Varela (España, 2016):
las mujeres dedican en promedio 1 hora y 57 minutos más al día a las tareas del hogar que los hombres. En parejas con hijos, la mujer dedica casi el doble.

En México, las cifras no están muy lejos.

Así que, para las mujeres, escribir es también un termómetro de nuestra lucha diaria contra los mandatos de género.

Malabaristas del tiempo: trabajo, familia, activismo, pareja, creatividad, academia, amor, duelos, depresión, crisis mundiales. Y la cuerda floja sobre la que avanzamos es siempre la autoestima y la confianza.




¿Y si este año bisiesto —el del día extra— lo usamos para replantear nuestro estar en este sistema patriarcal, apostando por la subversión y el placer escritural?
Dándonos tiempo.
Adueñándonos del tiempo, de nuestro tiempo.

¿Podemos priorizarnos?
¿Estamos dispuestas a buscar y excitar el ímpetu escritural?

Las escritoras que me compartieron su experiencia dijeron que escriben con más fuerza cuando:
— sienten emociones intensas
— están relajadas
— viajan
— asisten a talleres
— conviven con personas que leen y escriben
— no tienen deudas apretando el pecho
— encuentran cómplices
— están en rehabilitación
— tienen tiempo y espacio propio
— se emocionan con una convocatoria
— están de vacaciones
— atraviesan un divorcio
— viven la maternidad
— se sienten jóvenes

¿Y ustedes? ¿Cuándo han sido más prolíficas?

Mi única recomendación —aunque no me la pidan— es esta: júntense con otras mujeres apasionadas por la literatura. Busquen o formen círculos literarios. Rodéense de cómplices.

Cuando las mujeres leemos, escribimos y compartimos, revolucionamos el mundo —al menos el propio—.
Nos apropiamos de una identidad históricamente negada: la de escritora.
Alzamos la voz por nosotras y nuestras ancestras. Reescribimos la vida desde la rebeldía.

Cuando escribimos, nos amamos.
Y, a veces, también sanamos.

Agradezco infinitamente a las mujeres que colaboraron para que esta página de diario fuera posible.
Gracias por compartir sus vidas y sus procesos creativos.

P.D. Si alguna de estas preguntas te invitó a responder por escrito, me encantaría que lo compartieras conmigo y con quienes siguen este blog.

Abrazos cariñosos.

Mar.




Ilustración: Sally Nixon




[1] Este primer poema tiene otra historia relevante: cuando la profesora revisó mi tarea, me mandó llamar con un tono de molestia, lo primero que me dijo fue que la tarea era inventar un texto, no copiarlo de algún libro. Nunca olvidaré el regocijo que sentí por dentro, en mi silencio de niña. Aquello era una señal de que mi "poesía" era buena, hasta rimaba. Recuerdo que le insistí en que yo lo había escrito sola, sin ayuda. Ella se enfureció más y me dijo claramente: De mil personas, sólo una tiene el don de escribir y, en este salón, esa soy yo.  Ahí supe que escribir era un don, y que yo lo tenía; supe que la escritura era algo valioso, y que yo escribía. 



Mar.

8 comentarios:

  1. Hola Mar, tu texto me dejó reflexionando. No tengo tanta experiencia escribiendo pero sí leyendo, es algo que hacía de manera constante pero que dejaba a ratos principalmente por la escuela, en la universidad leíamos muchos artículos y libros que a veces me dejaban exhausta en términos de lectura. Estoy "agarrándole" el gusto a la escritura gracias a los talleres que tomé contigo. Me parece que yo tenía una idea como la de tu maestra, que la escritura estaba reservada para unos cuantos. Fue muy cansado escribir la tesis de licenciatura y la tesina en la maestría ¿Eso cuenta cómo escribir? jeje, en esa época fue la auto-disciplina la que me ayudó a terminar. Coincido con tu recomendación de los talleres y círculos de lectura. A mí me dieron más seguridad y poder compartir con las demás me motivó a querer escribir más y leer a más mujeres. ¿Nos compartirás tu primer poema o ya está en algún espacio de tu blog?

    Saludos, Rosela

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    1. ¡Gracias por pasar a leer este Diario de escritura, querida Rosela!
      Me encanta que estés "agarrándole" el gusto a la escritura creativa.
      Respecto a ese primer poema, no tengo mayor rastro que el que habita en mi memoria, pero sería lindo un ejercicio de imaginación para reestructurar.
      Te mando un abrazo.
      Espero seguir leyéndote.

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  2. Hola Marisabel, me gustó leer tu diario y me dije, ¡como me gustaría saber expresar con esa soltura, ecuanimidad escritorial, todas mis vivencias, lo que creo, lo que pienso y lo que siento. A veces de niña intente escribir algo, pero de repente lo dejé, en momento de tristeza o de añoranza escribo algo que se me ocurre, pero nada más; cuando tuve a mis hijos ocasionalmente les escribí algo de lo que significan para mi, pero cuando me separe hace 7 años me sentía mal, triste, enojada, culpable y lo que le sigue y una amiga psicóloga me sugirió que escribiera todo lo que me pasaba y que lo que me dolía después de escribirlo destruyera la hoja y que así paulatinamente iba a sanar mis heridas internas y así comencé a escribir de nuevo y alguna vez lo publique y entonces no faltó quien me dijera que los sentimientos son propios y no para andar divulgandolos, no para andar dando a conocer los problemas que nos aquejan, aún así a veces escribo, pero hay algo que me pasa seguido, voy en el transporte o me estoy bañando y me llegan ideas, pero cuando llego al cuaderno, se me ha olvidado la idea. En lo personal me cuesta mucho hablar o escribir de mi como mujer, me da miedo escribirlo y que alguien lea lo que yo escriba, entonces opte mejor por escribir o comentar algún libro que leí, describir alguna ida a algún museo, comentar lo que me pareció algún concierto, describir lugares de interés, etc y lo hago porque creo que es la forma de que la gente sepa de lugares que a veces ni idea tenemos de que existan y aún así, resibi críticas porque dicen que es solo presumir que salgo a algún lado, que si no tengo que hacer en casa o que abandono a mis hijos por andar de "chismosa" total que, me gustaría aprender a escribir a expresar de la mejor manera quien es Mara, que soy yo.

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    1. Hola, Soreletta. Muchas gracias por visitar mi blog y darte el tiempo para dialogar con mis letras. Gracias por tus halagos hacia mis sentipensares escriturales.
      Respecto a lo que dices sobre la escritura como prescripción psicológica, estoy totalmente de acuerdo en que el acto de escribir es terapéutico, y te aseguro que lo es mucho más si lo compartes con otras mujeres, lo he visto este último par de años.
      La escritura nos ayuda a sublimar aquello que nos "aqueja", que nos trastoca; y podemos o no, mostrarla. Publicar o compartir, es una decisión personal.
      Deseo que este año pierdas el miedo a escribir, sobre ti, tu visión de mundo, o lo que gustes.
      Abrazos

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  3. Hola Mar, un gusto leerte, me identifico mucho con tus entrevistadas, yo he escrito por épocas en mi vida, creo que hasta hoy comienzo a retomar esta forma de expresión, que efectivamente, transforma y aterriza emociones. Sí como muchas, es el tiempo, la confianza y seguridad en nuestra escritura, un reconocimiento a una misma, tengo mucho que trabajar en ello, me es necesario darme tiempo, administrar mi tiempo...Saludos, un gran abrazo y Feliz año.

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    1. Hola, querida Remedios.
      ¡Feliz año!
      Gracias por darte tiempo para leer estas "páginas de diario". Deseo que este año escribas muchas historias :)

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  4. Mi tema constante el año pasado estuvo centrado en el tiempo, en lo mucho o poco que leí o escribí. Es reconfortante no sentirse solitario referente a dudar o no "encontrar los momentos" o sentirse incapaz de hacerlo.

    El año pasado en una platica le preguntaba a Cristina Rivera Garza sobre ¿cómo escribir cuando parece que la vida/terceros están siempre de por medio? y me contestó "Defiende tus horas, defiéndelas contra quien sea siempre". La verdad es que es una especie de guerra, evoco a Pizarnik lamentandose por no leer lo suficiente, ni escribir, ni ser...

    Creo que nos han arrebatado tanto que no conseguimos sentirnos seres humanos, tanto cuestionarnos nos arrebata las posibilidades de dedicarnos a lo que necesitamos/deseamos. En mi caso, creo que he crecido acostumbrada a renunciar y vivo en un esfuerzo constante de defenderme, de defender mis horas y mi trabajo <3

    Te mando un abrazo enorme, Mar <3

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    1. Sí, la distribución del tiempo en una sociedad patriarcal, con tradiciones, costumbres y hábitos tan sexistas, nos coloca a las mujeres en una situación complicada, más cuando se trata de dedicarnos a una actividad creativa-creadora; porque se cierta forma se nos enseña, orilla u obliga a renunciar, a posponer, a desconfiar de lo que nos nutre y define como humanas, desde una identidad propia que apenas se reconstruye.
      Por eso es importante resistir, buscar espacios y formas de amarnos, sanarnos y autocuidarnos. Creo que una gran forma de hacerlo es la escritura, desde la literatura acompañada.

      Abrazo
      Me quedé con la duda de tu nombre :P

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