viernes, febrero 14, 2020

Un acto de amor hacia nosotras, hacia la humanidad



Diario de escritura:


Históricamente, las mujeres hemos sido relegadas de los ámbitos intelectuales y creativos. Hubo un tiempo —y aún hoy sucede en ciertos lugares del mundo— en que incluso teníamos prohibido transitar por determinados espacios públicos. ¿Cómo fue esto posible? ¿Cómo sigue siendo posible?

Ellos —los pensadores, filósofos, religiosos, escritores, científicos— se encargaron de dejar claro que nosotras somos “diferentes”, “complementarias”, y nada más. Que no merecemos ni somos capaces de pertenecer a esas dimensiones creativas y creadoras, ni de pisar ciertos espacios. Durante siglos, y todavía ahora, han “fundamentado” que las mujeres no merecemos derechos políticos ni sociales; han definido el sentido de nuestras vidas reduciéndolo a hacer más fácil y agradable la existencia de los hombres. Lo dejaron claro, de forma directa e indirecta.

Lo peor es que estas barbaridades se siguen dictando a través de discursos impresos y orales. Y todavía nos preguntamos si es necesario separar al autor de su obra. Quizá la pregunta no es “si”, ni siquiera “por qué”, sino cómo hacerlo —sin caer en la censura— para aprovechar únicamente aquello que favorezca un mundo más justo y libre de desigualdades. Necesitamos ser agudas en nuestras lecturas del presente y del pasado. Porque si no nos preguntamos desde dónde valorar la obra masculina, estamos aceptando que los discursos sexistas son apenas un “detalle de época”, y transmitimos un mensaje peligroso: que nosotras somos, también, ese pequeño detalle irrelevante de la humanidad.

Como diría Ana de Miguel, debemos prestar atención al significado que esos discursos han dado —y siguen dando— a la humanidad.

Es indispensable tomar en serio lo que filósofos, antropólogos, escritores, psiquiatras, sociólogos, etc., han dicho y dicen de nosotras. Porque esas ideas sostienen, también, la estructura patriarcal. Tomarlo en serio no significa aceptarlo, sino discutirlo, analizarlo críticamente. Esos “genios” nos han heredado discursos profundamente misóginos, cargados de violencia, y aún reinan en instituciones, academias, espacios culturales e intelectuales.

Leámoslos, sí, pero para refutar, para discutir lo injusto y problemático de su pensamiento. No los tomemos como referentes únicos.
Dediquemos más tiempo a leer a las mujeres que ya cuestionaron esos discursos machos; a conocer cómo lo hicieron, qué dijeron, desde dónde pensaron el mundo.
Dediquemos nuestro tiempo a formarnos como lectoras críticas, justicieras; rastreadoras de mujeres artistas, escritoras, pensadoras. Dediquemos tiempo a vernos y reconocernos como autoras, como creadoras.

Ayudemos a que las brillantes y valientes contrabandistas del pasado —esas que se colaron en terrenos que parecían exclusivos de los machos— sigan vivas ahora, en cada lectura pública, en cada tertulia, en cada salón de clases, en cada reunión de amigas.

Sí, conozcamos al autor y a su obra: para identificar aliados, para detectar discursos necesarios, pero también para reconocer y apartarnos de las narrativas donde solo ocupamos un lugar cosificado.

Empecemos a generar discursos que reivindiquen a las mujeres como pensadoras, como genias, que reconozcan a la humanidad como un lugar digno para todas las personas.

Una de las formas más bellas de rescatar y visibilizar a las mujeres en nuestra historia —tarea ineludible del feminismo— es leer, reflexionar y divulgar el pensamiento de nuestras creadoras. Reconstruir y valorar nuestra genealogía femenina en las artes, la ciencia y la filosofía es un acto amoroso e invaluable hacia nosotras mismas y hacia la humanidad.

Esta brevísima página de diario es solo el inicio de una reflexión más extensa, una que tengo pendiente en el tintero de mi mente enfadada y preguntona. Si gustas colaborar, amiga lectora, eres bienvenida.

Mar.




1 comentario:

  1. Es poderoso lo que propones separar al autor de su obra, partir de ahi y buscar en la historia a mujeres que el patriarcado no nombro,llamarlas por su nombre, reconociendo sus obras,confrontar lo que hasta ahora conocemos,tejer redes,alianzas, abrir espacios,reconocernos,admirarnos, empoderarnos no por que siempre fuimos poderosas solo que el sistema misogino callo nuestras voces,escribir y leer como un acto de rebeldia,como un acto revolucionario,partir desde la sororidad,despertar y despertar a las otras de este sueño patriarcal, tu texto me confronta y me replantea la historia.

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