Diario de escritura:
Conocí la figura del Marqués de Sade a los dieciséis, gracias a Quills, esa película que en español llamaron Letras prohibidas. No sabía entonces que ese encuentro iba a marcarme. Recuerdo el impacto: el personaje me sedujo, me incomodó y, de algún modo, me ofreció un espejo precoz para nombrar cosas que ya se agitaban dentro de mí.



